Embotellando un sueño más allá de pantallas y teclados
Después de años trabajando en informática, decidí atreverme a cumplir un sueño largamente guardado: hacer mi propio vino, pero no cualquier vino, algo distinto, con identidad y con potencial en Chile. Así llegué a la Garnacha.
Es originaria de España, pero es camaleónica y se adapta increíblemente bien a climas y suelos. Sus vinos son de cuerpo medio, con notas a frutos rojos maduros (cereza/frambuesa) y especias, son jugosos, fáciles de beber y aterciopelados. Tremendos compañeros de embutidos de todo tipo.
Representa el 2,5% de lo plantado en el mundo, principalmente en el Ródano, Aragón y Cerdeña; y un 0,2% de lo plantado en Chile, entre el Huasco e Itata.
Aunque la Garnacha ha estado presente por años en Chile, casi siempre formando parte de mezclas, su reconocimiento es relativamente reciente. En las últimas dos décadas, viticultores visionarios le apostaron, especialmente en zonas cálidas y secas, buscando dar diversidad, por sobre las cepas tradicionales.
Y aquí viene la clave: ¿Por qué en Colchagua? La Garnacha ama estas condiciones:
- Clima Mediterráneo Cálido: Esto asegura que madure completamente y desarrolle toda su intensidad frutal.
- Suelos Drenados: Los suelos de esta zona suelen ser de origen granítico o aluvial, pobres en materia orgánica y con buen drenaje, lo que estresa la vid lo justo para concentrar el sabor de la uva.
Esta combinación permite que la Garnacha exprese lo mejor de sí: fruta madura sin ser pesada, taninos suaves y esa acidez vibrante que la hace tan bebible.
Un Sueño Sin «Apellidos»
Lo que más me enorgullece, es que este proyecto no nació sólo con paciencia, pasión y coraje, sino que también con un profundo amor por el vino y por nuestra tierra. No vengo de una familia de viñateros, mi ADN es digital, no vinícola. Dar fe que un sueño, por muy ajeno que parezca, se puede materializar es una satisfacción inmensa.
¡Salud por los sueños hechos vino!
